3 razones para visitar el Museo de Altamira


Valor Cultural

El descubrimiento de las pinturas de Altamira se produce en 1879 mientras Marcelino Sanz de Sautuola, llevaba a cabo unas excavaciones en el vestíbulo de la cueva. 

El arte de Altamira por su excepcionalidad y excelente estado de conservación suscitó en algunos investigadores mucha incredulidad hasta que en 1902 Émile Cartailhac reconoce la autenticidad del arte de Altamira. A partir de entonces se suceden las excavaciones arqueológicas y el registro del arte parietal. Las grandes campañas de excavación en Altamira fueron en 1903 por Hermilio Alcalde del Río, en 1924 y 1925 por Hugo Obermaier y en 1980 y 1981 por Joaquín González Echegaray y Leslie G. Freeman. Las últimas excavaciones han sido realizadas durante la década de los 2000 por el equipo del Museo de Altamira y coordinado el proyecto por José Antonio Lasheras.

Actualmente se detectan en el yacimiento un total de 8 niveles todos ellos adscritos al Paleolítico Superior, desde unos niveles inferiores del Gravetiense (22.000 años), pasando por ocupaciones del Solutrense (19.000 – 17.000 años) y finalmente los niveles superiores del Magdaleniense (15.000 – 14.000 años). En este momento la cueva queda taponada por un derrumbe que cubrirá la entrada hasta su descubrimiento a finales del siglo XIX.

Aparte del yacimiento arqueológico, si por algo es conocida Altamira es por lo excepcional de sus representaciones artísticas. Todas ellas fueron realizadas en diferentes momentos del Paleolítico Superior, entre 35.000 y 14.000 años. En el arte de Altamira (incluyendo el Gran Techo o Sala de Polícromos) encontramos varias fases pictóricas bien diferenciadas. Las pinturas más antiguas datan de inicios del Paleolítico Superior en sus fases Auriñaciense y Gravetiense y se localizan en la zona derecha de la Sala de Polícromos. Se trata de figuras de caballos rojos de grandes dimensiones, tres manos (dos en negativo y una en positivo) y series de puntuaciones.

El siguiente gran episodio artístico de la cueva pertenece al Magdaleniense, hace unos 15.000 años aproximadamente. Durante el Magdaleniense Inferior (hace 14.800 – 14.500 años) se realizan toda una serie de figuras en negro con carbón vegetal como signos y las “máscaras”, así como un gran acervo animalístico con grabado de “trazo estriado” a lo largo de toda la cueva pero, especialmente, en el Gran Techo de Polícromos. Estas figuras grabadas datan del Magdaleniense Inferior, corroborado por paralelos en el arte mueble de Altamira y otras cuevas de la región.

Dentro de este conjunto pictórico magdaleniense se inscriben los llamados polícromos, animales pintados en varias tonalidades de color (ocre y negro) y cuyas partes anatómicas (como vello, cuernos, ojos, etc.) aparecen enfatizadas mediante la técnica del grabado. Suelen ser animales de grandes dimensiones, entre los que destacan los bisontes de tonalidades rojizas y amarillas aunque también ciervos y caballos que alcanzan en algunos casos los dos metros de longitud.

Para su realización, se utilizaron oquedades y bultos naturales del techo para simular el volumen o para dibujar el contorno de algunos animales. El animal más representado en la cueva son los ciervos (machos y hembras), por delante de otros como caballos, cabras y bisontes, aunque son estos últimos los que han dejado una mayor huella en el imaginario popular por la excelencia técnica mostrada en su realización.

La cueva de Altamira constituye un referente del arte rupestre paleolítico a nivel mundial. Declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1985 como entidad singular representa un testimonio excepcional de una civilización desaparecida. En 2008 se añadieron diecisiete cuevas con arte rupestre del norte de España a la declaración ya existente de Altamira pasando a llamarse “La cueva de Altamira y el arte rupestre paleolítico del norte de España”.

Por acuciantes problemas de conservación producto del intenso trasiego turístico que ha tenido durante más de un siglo, la cueva de Altamira actualmente tiene sus visitas muy limitadas.

NOTA: Fotografías cedidas por el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira

Recursos para la visita e interpretación

La exposición permanente del museo se articula en torno a dos ejes: las salas de exposición “Los tiempos de Altamira” y la neocueva:

-Las salas del museo están dedicadas a los hombres y mujeres de la Prehistoria, desde nuestros antepasados más remotos a aquellos que poblaron Altamira durante el Paleolítico Superior. Pueden admirarse útiles de caza, adornos, elementos de piedra de todas estas culturas humanas. La duración de la visita a las salas de exposición se estima en unos 45 minutos.

-La neocueva es una representación tridimensional fidedigna de parte de la cueva de Altamira y sus pinturas basada en estudios científicos punteros. Ofrece al visitante una reconstrucción de cómo era la cueva de Altamira durante el Paleolítico Superior (entre hace 35.000 y 15.000 años). La reproducción incluye desde la entrada de la cueva hasta la Sala de Polícromos y algunos frisos con representaciones artísticas de la Galería Final.

El Museo Nacional de Altamira cuenta con infraestructura dedicada a la comunicación pedagógica y la difusión patrimonial con espacios y actividades como la museoteca, talleres para familias y para escolares, recorridos temáticos y exposiciones temporales de diversa índole.

También el museo dispone de sala de conferencias, biblioteca especializada así como aparcamiento gratuito para coches y autobuses, aseos, servicio de cafetería, tienda y jardines para pasear por los alrededores de la cueva.

Localización

Declarada Patrimonio Mundial desde 1985 y ratificado en 2008 junto a otras cuevas de la Cornisa Cantábrica. La cueva se localiza en Santillana del Mar, Cantabria.


¿Qué vas a descubrir en el Museo de Altamira que no encontrarás en otro lugar?


Una cueva con más de 20.000 años de ocupación y que atesora uno de los conjuntos de arte rupestre paleolítico más excepcionales del mundo. Bisontes, caballos, ciervos y signos son algunos de los motivos representados en sus techos y paredes, muchos de ellos de una calidad excepcional. Contiene entre sus pinturas algunas de las primeras manifestaciones artísticas realizadas por el ser humano, de hace unos 35.000 años.

El Museo expone más de 400 objetos y los vertebra en un discurso comprensible y didáctico sobre la Prehistoria en general y las sociedades del Paleolítico Superior en particular. Resultan interesantes las actividades propuestas para familias, jóvenes y adultos para comprender cómo eran y vivían nuestros antepasados de la prehistoria.